10 pasos clave para recuperar los ecosistemas forestales quemados

10 pasos clave para recuperar los ecosistemas forestales quemados

En este artículo investigadoras del Departamento de Bioquímica del Suelo del CSIC de Galicia ofrecen recomendaciones prácticas sobre como actuar en los suelos forestales tras un incendio

10 pasos clave para recuperar los ecosistemas forestales quemadosSuperficie de un suelo afectado por un incendio forestal de gran severidad: capa de cenizas.

La destrucción de la cubierta vegetal y la acumulación sobre la superficie del suelo de cenizas, que contienen una gran cantidad de nutrientes procedentes de la combustión de esta vegetación y también de la materia orgánica del suelo, constituye el efecto más visible de los incendios.

Es muy importante proteger esta capa de cenizas cargada de nutrientes, porque estos van a ser la base de la fertilidad del suelo para la regeneración de las plantas. En el suelo, además de la pérdida de materia orgánica, se observan otros daños tales como la muerte de muchos microorganismos y animales (micro- y meso-fauna), que realizan procesos fundamentales relacionados con el crecimiento y el desarrollo de las plantas, y la pérdida de la estructura, relacionada con importantes propiedades físicas (porosidad, aireación, infiltración, etc.), que conlleva la dispersión de las partículas que forman las unidades estructurales (agregados), que pueden obturar los poros del suelo, impidiendo así la infiltración del agua en el suelo y obligándola a discurrir por la superficie del suelo (escorrentía).

Por lo tanto, si el suelo está disgregado y desnudo, es decir, sin la cubierta vegetal, no está protegido frente al impacto de la lluvia y podrá sufrir procesos erosivos, con pérdida de nutrientes, y también de semillas, por arrastre de la capa de cenizas y de la capa superficial del suelo que contiene el banco de semillas del suelo. Los materiales arrastrados por escorrentía y el agua infiltrada o de escorrentía que fluye desde las zonas quemadas puede provocar desequilibrios en los ecosistemas terrestres y acuáticos que reciben los materiales (ríos, lagos, embalses, dunas, playas, rías, fondos marinos, etc.) y numerosos problemas: relleno de cunetas, lagos, embalses, etc., contaminación de las aguas superficiales y de las capas freáticas subterráneas, fuentes de agua potable, etc., la eutrofización o el aumento de la temperatura de las aguas fluviales provocando el crecimiento anormal de algas y otras plantas acuáticas y la muerte de peces y otros organismos por anoxia o alteración de su hábitat, dilución de la salinidad del agua del mar en la proximidad de la costa, lo que provoca la muerte de numerosos bivalvos que se desarrollan en las playas o en parques marisqueros, perturbación física y ecológica de zonas protegidas (dunas y demás zonas de la red natura), etc., como ocurrió en el año 2006.

Es muy importante proteger la capa de cenizas porque va a ser la base para regenerar el suelo

Los efectos de los incendios dependen del tipo de fuego, de su duración y severidad (baja, media o alta en función de las temperaturas alcanzadas), y de las condiciones climáticas y topográficas de la superficie afectada. Los incendios más dañinos son los de alta severidad (cenizas blanco-grisáceas) en zonas con elevada pendiente, precipitaciones intensas y/o próximas a ríos/arroyos o captaciones de agua para el abastecimiento.

Tareas a realizar tras un incendio forestal

Las tareas de gestión forestal tras el incendio se desarrollan con unos objetivos y una secuencia temporal bien definidos, normalmente relacionados entre sí, distinguiéndose entre acciones inmediatas, a corto, medio y largo plazo (Figura 2). Son actividades dirigidas a evaluar la necesidad de tomar o no medidas urgentes para evitar la erosión y degradación del suelo, lo que es esencial para la recuperación del ecosistema afectado. Estas medidas evitarán la pérdida de suelo, y la contaminación de hábitats acuáticos (aguas superficiales y subterráneas, ríos, mar ..). Se trata de medidas de emergencia en los 3 primeros meses pero pueden prolongarse hasta un año, en cuyo caso pasan a considerarse acciones a corto plazo.

Contexto temporal de las actividades de mitigación de impactos del incendio y restauración posterior:

La recuperación de la mayor parte de las propiedades de los suelos afectados por incendios puede tardar, en casos favorables, entre 1 y 5 años y, en las condiciones más desfavorables (suelos situados en zonas con mucha pendiente y/o con destrucción total de la materia orgánica), la restauración de la vegetación puede incluso no llegar a producirse nunca debido a la pérdida total del suelo y afloramiento de la roca.

Se hace necesario, por tanto, adoptar, inmediatamente o a corto plazo después del incendio, medidas de protección del ecosistema quemado, para evitar la erosión post-incendio y conservar el suelo en condiciones idóneas para que se produzca la revegetación natural o la implantación de una nueva vegetación. La evaluación de daños nos permitirá priorizar las zonas de intervención, pero como la mayoría de los incendios ocurren en la época estival, siempre es necesario aplicar prácticas de manejo del suelo que permitan el crecimiento de la vegetación lo antes posible, antes de que caigan las primeras lluvias del otoño y se acentúen los procesos de erosión.

Primeras actuaciones

Estas primeras medidas han de orientarse hacia la regeneración rápida de la cubierta vegetal, la fijación de la capa de cenizas y la retención de nutrientes, la mejora de la estructura del suelo y la regeneración de los microorganismos del suelo. Con este objetivo, pueden utilizarse las siguientes técnicas de recuperación de suelos quemados:

1) implantación temporal de una cubierta vegetal herbácea, sembrando a voleo, sin ninguna preparación del terreno, una mezcla de leguminosas y gramíneas (en mayor proporción), acompañada o no de la adición de residuos orgánicos (gallinaza, purín, etc.), que desarrollan rápidamente su parte aérea y sus raíces, fijando así la capa de cenizas y los nutrientes en los órganos de las plantas, favoreciendo la formación de la estructura del suelo y la regeneración de los microorganismos y de su actividad biológica, y disminuyendo la acción erosiva del viento y, sobre todo, de la lluvia, cuyo impacto es frenado por la parte aérea de las plantas; además, esta vegetación herbácea, que no se corta, se desarrolla y, al secarse, sus restos se incorporan de nuevo al suelo, aumentando la reserva de nutrientes del mismo;

2) la inoculación de microorganismos (cianobacterias, Rhizobium y micorrizas), que promueven el desarrollo de la vegetación al proporcionar nutrientes y protegen el suelo por formación de costras microbianas en su superficie;

y 3) el acolchado de paja o de otros materiales (corteza y astilla de eucalipto), la distribución de obstáculos tales como troncos de árboles, ramas y restos de poda en la superficie del suelo, que frenan la escorrentía y el arrastre de materiales en suelos muy susceptibles a la erosión (incendios de alta severidad, fuerte pendiente y abundantes precipitaciones). En todos estos casos se procurará evitar o reducir al mínimo toda perturbación del terreno afectado por los incendios (tránsito de maquinaria, remoción del suelo, etc.). Los resultados de experiencias en invernadero demostraron que las técnicas más adecuadas para su aplicación en el campo eran la siembra de herbáceas y el acolchado de paja.

En consecuencia, en los últimos años se han realizado diversas experiencias en condiciones de campo con el objetivo de estudiar la eficacia de estas dos técnicas contra la erosión y sus efectos sobre la calidad del suelo, utilizando las dosis recomendadas. De acuerdo con los resultados obtenidos (impactos, eficacia, relación coste/beneficio) se recomienda la implantación del acolchado de paja como medida de mitigación de la erosión post-incendio en la gestión de ecosistemas forestales quemados.

Actuaciones a medio y largo plazo

Las acciones a medio plazo, que se conocen como tratamientos de rehabilitación, se desarrollan normalmente entre 1 y 3 años después del incendio, centrándose básicamente en mitigar los daños producidos en los sistemas afectados y acelerar su recuperación. Estas acciones incluyen básicamente actividades tales como ayudas a la regeneración natural post-incendio de las masas quemadas, por ejemplo tratamientos de clareo o eliminación de competencia del matorral, nuevas plantaciones, recuperación de bosques autóctonos y formaciones ripícolas, reparación de infraestructuras, etc.

Por último, las acciones de restauración post-incendio se acometen en un plazo superior a 3 años, y tienen como objetivo una verdadera restauración ecológica (sistema suelo-planta), en el sentido de recuperar la integridad del ecosistema o, al menos, sus aspectos más relevantes en términos de composición, estructura y funcionamiento, teniendo en cuenta también su autoregeneración y sostenibilidad, incluyendo en esta última la gestión forestal asociada.

Revegetación de áreas quemadas

Respecto a la tercera fase, la revegetación de las áreas quemadas, tanto en el caso del matorral como de la vegetación arbórea, puede producirse de forma natural, debido a que las plantas tienen mecanismos y estrategias para regenerarse por sí mismas, aunque el proceso puede ser lento y dejar el suelo desnudo durante mucho tiempo. No obstante, en la mayoría de los casos de vegetación arbórea, habrá que recurrir a una reforestación o a una repoblación, es decir, efectuar nuevas plantaciones, dependiendo de las características de la zona, del tipo del ecosistema quemado y de los daños sufridos por el mismo.

Dado que es imposible modificar las condiciones climáticas, para que la plantación tenga éxito es necesario actuar sobre las propiedades del suelo susceptibles de ser mejoradas, sobre las técnicas de manejo, utilizando técnicas de gestión conservadoras que perturben lo menos posible las capas orgánicas del suelo, y sobre la planta, eligiendo el genotipo o la especie que mejor se adapte a las condiciones del medio (suelo y clima), que sea competitiva y tenga buena productividad.

En cuanto a las especies a plantar, no hay que olvidar que cada especie vegetal tiene su hábitat (condiciones climáticas, profundidad de suelo, etc.) y sus exigencias nutricionales (agua y nutrientes). Hay especies frugales y otras más exigentes, y hay especies plásticas que se adaptan a cualquier medio. Por consiguiente, para rentabilizar el monte y producir árboles de calidad, hay que garantizar a la especie que se plante que tendrá a su disposición las condiciones necesarias para su desarrollo y no es un tema menor el espesor o profundidad del suelo. Pero también es importante saber que cualquier especie vegetal autóctona, cualquier especie forestal, es preferible al suelo desnudo.

Por ello el futuro del monte pasa por proteger el suelo contra la erosión y luego seleccionar la especie vegetal más adecuada para la reforestación en cada zona. En cualquier caso, siempre que sea posible, la restauración del monte afectado por incendios forestales debe tender a la regeneración del bosque, el sistema natural más evolucionado, con sus tres estratos, herbáceo, arbustivo y arbóreo, para garantizar su estabilidad.

Conclusiones: 10 pasos clave para recuperar suelos quemados

En resumen, para realizar la restauración de los ecosistemas forestales afectados por incendios hay que tener en cuenta los siguientes principios:

1) el futuro del monte depende de que se proteja el suelo contra la erosión;

2) si no hay suelo no puede regenerarse la vegetación: sobre las rocas no crece la vegetación;

3) la conservación del suelo afectado por los incendios y la recuperación de las propiedades de éste, dependen estrechamente del proceso de revegetación, es decir, de la regeneración de la cubierta vegetal, y para ello es necesario evitar primero las pérdidas de suelo y nutrientes;

4) como primeras medidas para evitar la erosión post-incendio, en áreas susceptibles a la misma, se recomienda el acolchado de paja;

5) el proceso de restauración ha de iniciarse inmediatamente o poco tiempo después del incendio para evitar que con las primeras lluvias después de la quema se inicien el lavado de nutrientes de la capa de cenizas y/o los procesos de erosión;

6) es importante y urgente retener en los órganos de las plantas, mediante la implantación rápida de una vegetación, que lógicamente ha de ser herbácea, los nutrientes acumulados en la capa de cenizas para evitar la pérdida de los mismos;

7) siempre que sea posible, la restauración del monte afectado por incendios forestales debe tender a la regeneración del bosque, el sistema natural más evolucionado, con sus tres estratos, herbáceo, arbustivo y arbóreo, para garantizar su estabilidad, utilizando especies preferentemente autóctonas que se adapten a las características del medio físico;

8) para tener árboles de calidad hay que garantizar a la especie que se plante los recursos y condiciones que necesitan para su desarrollo (tipo de suelo y profundidad del mismo y clima);

9) se necesitan protocolos de actuación para la restauración de los sistemas forestales quemados (sistema suelo-planta), que son específicos para cada zona climática y que deben ser ejecutados por los gestores forestales; y

10) si no se protege el suelo, si no se conserva, si se pierde, la desertización en zonas de Galicia no será una probabilidad sino una dramática realidad.

La importancia del suelo forestal

Los montes están constituidos por el suelo, la vegetación (arbórea, arbustiva y herbácea) y la fauna, cuyo conjunto se denomina ecosistema forestal. Galicia tiene vocación forestal porque aproximadamente el 66 % de su superficie está cubierta por estos ecosistemas, de la cual un 60 % está ocupada por bosques y un 40 % por matorrales.

Los montes son fuente de riqueza, porque proporcionan bienes indispensables para nuestra supervivencia y nuestra economía (oxígeno, energía, madera, fibras, resinas, alimentos, plantas medicinales, caza y cría de ganado mostrenco, turismo basado en el maravilloso paisaje de nuestros montes, etc.), cumplen importantes funciones ecológicas entre ellas el mantenimiento de la biodiversidad (ofrecen multitud de hábitats distintos en los que se encuentran una gran variedad de especies vegetales y animales), la regulación del clima, de las aguas superficiales y profundas y la conservación del suelo y de la atmósfera; por otra parte, son lugares de esparcimiento y contribuyen a crear la belleza del paisaje gallego.

Por todas estas razones es necesario protegerlos, conservarlos y revalorizarlos y para ello es necesario mejorar su productividad, no sólo en cantidad sino sobre todo en la calidad de nuestra madera, fibras y subproductos. Y para mejorar la productividad del monte hay que conservar y mejorar la calidad del suelo.

El suelo y la vegetación son dos recursos naturales interdependientes. El suelo no es un sistema inerte sino que es una formación viva y dinámica constituida por compuestos minerales (arena, limo y arcilla) y orgánicos (materia orgánica, que es una mezcla de restos vegetales y animales y los productos de su descomposición, sustancias húmicas y organismos vivos, meso- y micro-fauna y microorganismos, que, junto con las enzimas, son los responsables de los innumerables procesos biológicos que se están produciendo continuamente en el suelo y, por lo tanto, son responsables de su funcionamiento). El suelo no es solo el soporte físico de la vegetación sino también el almacén de los nutrientes y del agua que necesitan las plantas para crecer y desarrollarse.

Pero a su vez, el suelo depende de los restos vegetales que caen al suelo porque son la materia prima de la materia orgánica, componente fundamental del suelo, especialmente en Galicia; además, la vegetación forma una cubierta que protege el suelo del impacto directo de la lluvia y con su entramado de raíces fija el suelo, impidiendo que la lluvia o el viento arrastren las partículas de la superficie del suelo y lo deterioren (proceso de erosión).

Los incendios son uno de los principales factores responsables de la degradación y pérdida de suelo

Por otra parte, es necesario subrayar que la vegetación es un recurso renovable, siempre que exista suelo, mientras que el suelo es un recurso no renovable a escala temporal humana porque si se pierde el suelo y queda la roca al descubierto, un suelo tardaría miles de años en formarse o nunca se formaría y se produciría la desertización. Por lo tanto es necesario protegerlo e impedir que se deteriore.

Uno de los principales factores responsables de la degradación y pérdida de suelo desde hace muchos años son los incendios forestales ya que producen daños directos o indirectos, que afectan a todos los componentes del medio ambiente: atmósfera, vegetación, suelos, fauna y aguas, destruyen grandes superficies de bosque y matorral, afectando negativamente a nuestra riqueza ecológica y económica y a nuestro paisaje, lo que tiene repercusiones graves que afectan a toda la sociedad gallega.

Cuando se produce un incendio tanto el suelo como la vegetación resultan afectados y es necesario restaurarlos con el fin de preservar la biodiversidad, proteger el medio ambiente (suelo, agua y atmósfera) y garantizar las necesidades actuales y futuras en materias primas, agua, energía y alimentos.

En los últimos 42 años se registraron en Galicia 250,000 incendios forestales, que afectaron a 1.711.000 ha (86% de su superficie forestal). En el año 2006, en una oleada de incendios ocurrida en el mes de agosto, ardieron en Pontevedra, en 12 días, alrededor de 40.000 ha, unas 18.500 ha en montes vecinales, de las cuales el 67% eran arboladas, ocasionando enormes daños ecológicos y económicos (asimismo, en una pequeña cuenca de Pontevedra se recogieron 34.000 t de sedimentos de los cuales un 10% llegó al mar). En el año 2017 la ola de incendios desencadenada el pasado mes de octubre en Galicia y Portugal por las condiciones asociadas al paso del huracán Ophelia supuso un gran coste en vidas humanas además de enormes daños materiales, creando una situación de gran alarma social en todos los sectores de la sociedad gallega (en un día se quemaron en Galicia más de 1.300 ha de bosque).

Autoras:

Montserrat Díaz Raviña, Ángela Martín Jiménez, Serafín J. González Prieto y Tarsy Carballas Fernández

Departamento de Bioquímica del Suelo, Instituto de Investigaciones Agrobiológicas de Galicia (IIAG-CSIC), Apartado 122. Avda. Vigo s/n, 15780 Santiago de Compostela, Spain

El Futuro es Vegetal, Stefano Mancuso

http://www.lavanguardia.com/natural/20171118/432909134027/el-futuro-es-vegetal-libro-stefano-mancuso-secretos-investigacion-plantas.html

Tomado de La Vanguardia.

 

Imaginen un invento que genera energía gracias al sol a la vez que fija emisiones de carbono; que puede autoensamblarse usando un diseño modular y replicativo; que tiene un software de inteligencia distribuida sin un órgano de control central que pueda dañarse; un aparato, finalmente, que puede replicarse a sí mismo y que si se parte sigue funcionando y genera dos unidades funcionales.

Este aparato sería el sueño de cualquier ingeniero… y ya está inventado. Se llama planta y hace cientos de millones de años que crece en la Tierra creando las condiciones adecuadas para la vida que conocemos.

“Respiramos gracias al oxígeno que producen los vegetales, la cadena alimentaria y todo lo que comemos tiene su base en ellos y hasta la energía fósil de la que dependemos fue producida por las plantas hace millones de años”, afirma. “¿Cómo es posible entonces que prestemos tan poca atención al mundo vegetal?”, se pregunta el botánico italiano Stefano Mancuso.

Stefano Mancuso, experto en el estudio de la vida de las plantas
Stefano Mancuso, experto en el estudio de la vida de las plantas (Pedro Cáceres)

Con estos argumentos defiende Mancuso las bondades del reino vegetal que está ayudando a dar conocer con sus libros e investigaciones. El científico italiano ha visitado España este otoño para presentar su libro El futuro es vegetal (Ed. Galaxia Gutenberg), donde explica algunos descubrimientos recientes sobre la fisiología de las plantas y en el que defiende que tienen mucho que enseñarnos.

“Deberíamos fijarnos en las plantas no sólo por los servicios que nos prestan, sino también por lo que podemos imitar y aprender de ellas. Son una fuente de conocimiento para la ingeniería, el diseño y multitud de disciplinas”, explica a La Vanguardia Natural.

Mancuso reseña cuántas de las especies conocidas nos son útiles: “Más de 31.000 especies tienen uso documentado, de estas casi 18.000 se usan con fines medicinales; 6.000 para alimentación; 11.000 como fibras técnicas o material de construcción; 1.300 con fines sociales incluyendo las drogas…”. Y aún queda un mundo por explorar. En ese sentido, explica que el mar es el futuro de la humanidad.

Los humanos aprovechamos miles de especies de vegetales como alimento o base de fármacos
Los humanos aprovechamos miles de especies de vegetales como alimento o base de fármacos (Maica / Getty)

“Todo nuestro planeta está cubierto en su mayor parte por agua. Nuestra vida cambiará cuando empecemos a cultivar el mar y comprobemos las desconocidas posibilidades que ofrecen las algas y las plantas acuáticas. Es un mundo que es casi del todo desconocido para nosotros y podremos obtener insospechadas fuentes de alimentos, medicinas y todo tipo de productos. Pienso que cuando se habla del futuro de la humanidad hay que pensar en el mar más que en Marte”, afirma.

En el Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal que dirige en la Universidad de Florencia ha llevado a cabo experimentos para estudiar las capacidades de comunicación, de recogida de información, de memoria y de relación que tienen las plantas y ha mostrado resultados sorprendentes. Lejos de ser organismos inanimados, como suelen ser consideradas, las plantas son estructuras dotadas de todo tipo de habilidades sociales. Y una de las principales es la de su capacidad de relación con el entorno y de intercambio de información.

Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal en la Universidad de Florencia
Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal en la Universidad de Florencia (EGG)

Los experimentos de Mancuso, que ha colaborado con la NASA y la ESA realizando investigaciones con vegetales en el espacio y ha publicado más de 200 artículos científicos en revistas de referencia, han permitido ver que el ápice terminal de las raíces de las plantas, un órgano especializado en la exploración, es capaz de detectar hasta 40 parámetros distintos. Desde la luz y el sonido y la presión hasta una gran variedad de señales químicas.

Lo fascinante es que las plantas no tienen un ápice, sino miles de ellos, que intercambian información no sólo entre los que forman parte de un individuo, sino con los que lo rodean. De hecho, las plantas intercambian tanto información como nutrientes por medio de las raíces. En los bosques maduros se ha comprobado que los ejemplares más sanos transportan alimentos a los más envejecidos y a los jóvenes, explica el botánico. Lo importante, parece ser, es la estabilidad de la comunidad, no la permanencia del individuo.

Las plantas tienen una organización tan distinta a nosotros que nos cuesta comprenderlas y entender la brillantez de su planteamiento

STEFANO MANCUSO

“Todas las ideas novedosas que tenemos sobre la sociedad del siglo XXI y la era de la globalización y de internet, como la inteligencia distribuida, el conocimiento compartido, los contenidos subidos en la nube, la configuración de internet como una red sin centro definido… todas esas habilidades que demandamos para la sociedad del siglo XXI son la forma que tienen las plantas de funcionar”, afirma. “Las plantas tienen una organización tan distinta a nosotros que nos cuesta comprenderlas y entender la brillantez de su planteamiento”, añade.

Mancuso avanzó muchos de estos conceptos en su libro anterior, Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal, un superventas que lo encumbró a la fama. Ese libro con base técnica fue interpretado en clave new age por lectores que lo vieron como un revelación sobre la conexión espiritual con las plantas y la biosfera. Pero Mancuso no aborda ese tipo de cuestiones, sino circunstancias técnicas sobre la estructura y la funcionalidad de los vegetales. En su nuevo libro, revela algunas recientes investigaciones y habla de soluciones de ingeniería y diseño que tienen como inspiración a las plantas.

El estudio en laboratorio permite avanzar en el conocimiento de la vida vegetal
El estudio en laboratorio permite avanzar en el conocimiento de la vida vegetal (Bliznetsov / Getty)

Si no hemos sabido verlo es porque miramos la naturaleza desde la óptica humana, desde un pedestal de superioridad, considera el autor. Ese antropocentrismo del que tanto se ha hablado tiene para Mancuso incluso un grado más, que es el del animalocentrismo. Es decir, juzgamos el mundo desde nuestra óptica animal: generamos estructuras y conceptos basados en nuestra propia estructura de individuos, con órganos y funciones definidas, un centro de control único en el cerebro que envía señales a todas las partes e incluso una mecánica basada en la bilateralidad y el movimiento bípedo o cuadrúpedo.

En su laboratorio Mancuso ha desarrollado robots diseñados siguiendo el esquema de los vegetales, es decir, unos “robot plantoides”. Defiende que la exploración espacial se beneficiaría de usarlas como modelo. “No tiene sentido gastar enormes cantidades en un solo robot exploratorio, esos Rover marcianos que solo pueden explorar una pequeña parte de terreno y que funcionan según nuestras estructuras mentales. Sería más útil enviar cientos de pequeños robots y hacerlos llover sobre el planeta, que fueran capaces de abastecerse de energía y de extender sus ‘raíces’ robóticas en el subsuelo para medir y analizar el planeta y comunicarse entre ellos”, defiende. “Los robos deberían diseñarse pensando en las plantas”, remacha.

Entender la complejidad

Los humanos olvidamos con frecuencia la diversidad del mundo vegetal, una realidad que podría ser imaginada en alienígenas

Otro de los campos que llaman la atención a Mancuso por su cortedad de miras es la ciencia ficción. “Siempre nos pintan extraterrestres con forma de insecto o de humanoide, resulta difícil que a alguien se le ocurra imaginar un alienígena con forma y funciones de planta”, afirma. Y, sin embargo, para nosotros “las plantas son mucho más extraterrestres que muchos relatos de ciencia ficción, tan distintas que no llegamos a comprender cuán diversas son y cuán capaces de hacer cosas que no sabemos hacer, como captar energía o compartir información para adaptarse a las circustancias cambiantes del entorno y sobrevivir”, añade.

Las plantas han tomado un camino distinto al nuestro. Renunciaron al movimiento, para eludir la depredación y han evolucionado de una forma única e insólita, desarrollando enormes capacidades. Una de ellas es manipular a los animales gracias a la ingente variedad de productos bioquímicos que producen.

En El futuro es vegetal, el botánico explica el resultado de multitud de investigaciones sobre cómo las plantas usan las recompensas o los reclamos del olor, del néctar o de los compuestos de sus frutos para emplear en su beneficio a animales e insectos. Los frutales atacados por orugas, por ejemplo, envían una sustancia química volátil que es detectada por los pájaros insectívoros, que acuden a ese árbol para librarle de depredadores.

El crecimiento de las plantas sigue siendo motivo de diversos estudios en todo el mundo
El crecimiento de las plantas sigue siendo motivo de diversos estudios en todo el mundo (feellife / Getty Images/iStockphoto)

Otro campo novedoso abierto por las investigaciones de Mancuso es el de la memoria vegetal. Según él, las plantas, incluso los individuos como los grandes árboles centenarios, acumulan experiencia de lo vivido y con ello generan resistencia y resiliencia ante nuevas circustancias. Esto puede ser sumamente importante en el contexto actual del cambio climático.

Las plantas están sometidas a cambios rápidos en su entorno generados por el impacto humano sobre el clima. Están mostrando cierta elasticidad para adaptarse a la subida de CO2 y capturando más cuánto más hay; sufren con el aumento de temperatura y más todavía con las variaciones en las precipitaciones y el acceso al agua. En el contexto Mediterráneo, como Italia o España, la suma de aumento de temperaturas y falta de agua es el factor que más las estresa. Cómo responderán estas maestras de la ingeniería al nuevo panorama es algo que veremos en las próximas décadas.

¿Qué es el desarrollo sostenible?

¿Qué es el desarrollo sostenible?

arbolesmagicos:

Artículo de ecogestos.com

El concepto de desarrollo sostenible no es meramente ecológico. Involucra la alianza entre tres ejes o pilares: el ambiental, el sociocultural y el económico. De esta manera, el propósito es lograr un desarrollo armónico del planeta, que sea sostenible desde el punto de vista ecológico, equitativo desde una perspectiva social y viable desde una postura económica, respetando a su vez la diversidad cultural.

Este concepto, tan de moda en la actualidad, fue formalizado inicialmente en el documento difundido como Informe Brundtland (1987), que nació luego de diferentes trabajos de la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas. La Declaración de Río (1992), también define el término: “satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades”.

Al mismo tiempo, el desarrollo sostenible no es una concepción vaga o meramente declarativa, ya que la interrelación entre la faceta ambiental, social y económica puede dar como resultado un conjunto de indicadores de desempeño en el marco de una organización de cualquier tipo. Esos indicadores, justamente, marcarán el grado de integración que tiene la organización con su medio social y ambiental, junto con su viabilidad económica.

Para ser más explícitos, el desarrollo sostenible es el único que nos puede garantizar un crecimiento sostenido de la sociedad humana tal cual hoy la conocemos. Es muy simple advertir que de fallar alguna de las tres facetas o pilares del desarrollo sostenible, el crecimiento armónico se transforma en una utopía irrealizable.

Una realidad afectada por distintos factores

Por ejemplo, de nada serviría una sociedad en la cual los principios ambientales se respetaran pero donde, al mismo tiempo, la pobreza y la marginalidad social irían en aumento, ya que tarde o temprano la urgencia económica provocaría un retroceso en la cuestión ecológica. En ese caso, la armonía se rompería y una de las caras del desarrollo prevalecería fuertemente sobre las demás.

Existe además una cuarta faceta dentro del desarrollo sostenible, que aunque puede incluirse dentro del terreno de lo social, tiene su importancia en forma independiente: la diversidad cultural. La riqueza en este ámbito es clave para la calidad de vida del hombre, y por lo tanto resulta vital para su desarrollo social y espiritual, teniendo una incidencia directa en el mantenimiento de la armonía y la cohesión social.

En resumen, podemos decir que todos estos pilares son interdependientes y que se refuerzan mutuamente, creando en conjunto el escenario necesario para una sociedad sostenible desde el punto de vista ambiental, social, económico y cultural. De esta forma, una mayor conciencia ecológica no es suficiente para garantizar la sostenibilidad en el planeta, sino está acompañada de una visión integradora que armonice todas las necesidades del hombre y de su relación con el medio ambiente.

Razones Para Contratar a un Arborista

(Why Hire an Arborist)

Un arbolista es un especialista en el cuidado de los árboles; ellos conocen las necesidades de los árboles y están entrenados y equipados para proporcionarles un buen cuidado. La decisión de contratar a un arbolista no debe tomarse a la ligera. El cuidado adecuado de los árboles es una inversión que puede rendir ganancias sustanciales en un futuro. Los árboles bien cuidados son atractivos y pueden añadir un valor considerable a su propiedad. Los árboles mal mantenidos pueden convertirse en responsabilidad seria. La poda y la tala de árboles, en especial de los grandes, pueden ser trabajos peligrosos. El trabajo en árboles se debe hacer sólo por personas con el entrenamiento y equipo necesarios para trabajar de forma segura sobre éstos.

Servicios que puede proporcionar un arbolista

Los arbolistas pueden brindar una variedad de servicios para ayudarle a mantener su valiosa inversión.

Poda

El arbolista puede determinar qué tipo de poda es necesaria para mantener o mejorar la salud, apariencia y seguridad de sus árboles. Dichas técnicas incluyen:

•       Eliminación de ramas que se rozan entre sí.

•       Eliminación de ramas que interfieren con cables de servicios públicos,  fachadas de edificios, canalones, tejados, chimeneas o ventanas, o que  obstruyen calles o aceras.

•       Eliminación de ramas muertas o débiles que representan un riesgo o pueden  comenzar a podrirse.

•       Eliminación de ramas irreversiblemente enfermas o infestadas por insectos.

•       Mejoramiento de la estructura del árbol para disminuir la resistencia al  viento y el potencial de daños por tormentas.

•       Formación de árboles nuevos.

•       Eliminación de ramas dañadas por condiciones climatológicas adversas.

•       Aclareo o corte de ramas innecesarias.

•       Mejoramiento de la forma o silueta del árbol.

Derribo

A pesar de que el derribo se considera una última alternativa, existen circunstancias en las que es necesario. Un arbolista puede ayudar a decidir si  un árbol debe o no ser derribado. Los arbolistas tienen las destrezas y el equipo para talar árboles de una forma segura y eficiente. Se recomienda cortar  el árbol por completo cuando:

•       Está muerto o moribundo.

•       Se considera un riesgo irreparable.

•       Está causando una obstrucción imposible de corregir a través de la poda.

•       Se está amontonando y causando daños a otros árboles.

•       Debe ser reemplazado por otro de una especie más adecuada.

•       Debe eliminarse para permitir una nueva construcción.

Cuidado urgente del árbol

Las tormentas pueden causar el debilitamiento de ramas o de árboles enteros, que a menudo caen sobre casas, coches, otras estructuras u otros árboles. Los árboles dañados durante tormentas pueden pesar mucho y derribarlos o podarlos puede ser muy peligroso. Un arbolista puede ayudar a realizar el trabajo de una manera segura, reduciendo los riesgos a su propiedad.

Plantación

Algunos arbolistas plantan árboles y la mayoría puede recomendar el más apropiado para un lugar específico. El árbol equivocado en el lugar erróneo puede ser el inicio de problemas futuros debido al espacio limitado para su crecimiento, plagas, enfermedades o mal crecimiento.

Otros servicios

Muchos arbolistas también proporcionan otros cuidados para árboles, que incluyen: •     Práctica del cuidado de la salud de las plantas (PHC, por sus siglas en  inglés), un concepto de mantenimiento preventivo para conservar la buena salud de los árboles, los que los ayudará a autodefenderse mejor contra plagas, enfermedades y problemas propios del sitio.

•       Fertilización.

•       Cableado e instalación de pernos para incrementar el soporte de las ramas  con uniones débiles.

•       Aireación para mejorar el crecimiento de las raíces.

•       Instalación de pararrayos.

•       Aplicación e inyección de substancias para controlar ciertos problemas de  plagas y enfermedades.

Selección del arbolista adecuado para el trabajo

Al seleccionar un arbolista se deben considerar diversos aspectos, entre los que se incluyen: •    El que esté afiliado a organizaciones profesionales como la Sociedad Internacional de Arboricultura (ISA, siglas en inglés), la Asociación Nacional de Arbolistas de los Estados Unidos (NAA, siglas en inglés) o la Sociedad Americana de Arbolistas Consultores (ASCA, siglas en inglés), demuestra la voluntad del arbolista de mantenerse al día en las últimas técnicas e información.

•       Busque en las páginas amarillas de la guía telefónica aquellos arbolistas  que se anuncian como certificados por la ISA. Los arbolistas certificados son profesionales con experiencia que han aprobado un examen intensivo sobre todo lo relacionado con el cuidado del árbol.

•       Solicite una prueba de póliza de seguro y, si no está convencido, consulte por teléfono a la compañía aseguradora. Un arbolista de prestigio poseerá  una póliza de responsabilidad civil que cubre daños a personas y propiedades,  así como compensación a los trabajadores. Muchos propietarios de casas han tenido que pagar grandes sumas de dinero por los daños causados por un individuo no asegurado que dice ser experto en árboles. Usted pudiera ser considerado responsable de los daños y lesiones que ocurriesen como resultado de un trabajo mal hecho.

•       Algunas agencias del gobierno requieren que los contratistas soliciten  permisos y/o licencias antes de que puedan hacer un trabajo. Asegúrese de que cumplen con cualquier ley local, estatal, provincial o nacional que regula el  trabajo de los arbolistas.

•       Pida referencias para averiguar los lugares en los que la compañía ha  realizado un trabajo similar al que usted solicite. No dude en comprobar las referencias o en visitar otros lugares donde la compañía o el arbolista hayan realizado trabajos en árboles. Recuerde que el cuidado del árbol es una  inversión sustancial de larga duración; ¡usted nunca compraría un coche sin probarlo!

•       A menos que conozca y se sienta cómodo con el arbolista, pida más de un presupuesto. Puede que tenga que pagar por éstos y que le tome más  tiempo, pero ayudará a la inversión.

•       Desconfíe de individuos que van de puerta en puerta ofreciendo gangas por  hacer trabajo con árboles. La mayoría de las compañías de prestigio  están muy ocupadas para buscar trabajo de dicha forma. El mal cuidado de  los árboles puede tomar muchos años para corregir y en algunos casos nunca se logra. ¿Está usted dispuesto a correr el riesgo con una inversión de valor?

•       Los buenos arbolistas sólo harán prácticas aceptadas. Por ejemplo,  prácticas como el desmoche, la eliminación de una cantidad excesiva de madera  viva, el uso de espuelas de trepa en árboles que no van a ser talados y la  eliminación o mutilación de árboles vivos sin una causa justificada, resultan innecesarias.

•       No acepte siempre el presupuesto más bajo. Usted debe examinar las credenciales y las especificaciones escritas de las compañías que presenten las ofertas y determinar la mejor combinación de precio, el trabajo que se realizará, la habilidad y el profesionalismo, para proteger su importante inversión.

•       Solicítelo por escrito. La mayoría de los arbolistas buenos firman un contrato con sus clientes. Asegúrese de leer el contrato cuidadosamente. No tema preguntar:

¿Cuándo comenzará y finalizará el trabajo?

¿Quién será el responsable de la limpieza?

¿La cantidad estipulada será el precio total?

Si deseo que se haga más trabajo, ¿cuáles son sus honorarios?

¿Qué significa ser un Arbolista Certificado?

Un arbolista es una persona entrenada en el arte y la ciencia de plantar, cuidar y mantener árboles individuales. La certificación de un arbolista por la ISA es un proceso voluntario no gubernamental mediante el cual las personas pueden documentar su conocimiento básico. Funciona sin regulación legal y es un instrumento autorregulado e interno, administrado por la Sociedad Internacional de Arboricultura (ISA). El certificado proporciona una valoración mensurable del conocimiento y la competencia de un individuo, elementos requeridos para proporcionar un cuidado adecuado del árbol.

La certificación no es una medida de los estándares de práctica. El certificado puede dar fe del conocimiento de una persona sobre los árboles, pero no puede garantizar o asegurar un trabajo de calidad.

Los arbolistas certificados son personas que han alcanzado un nivel de conocimiento en el arte y la ciencia del cuidado de los árboles a través de un mínimo de tres años de experiencia, y que han pasado un extenso examen desarrollado por algunos expertos nacionales en la materia.

Los arbolistas certificados también deben continuar su educación para mantener su certificación. Por lo tanto, deben actualizarse en las últimas técnicas de arboricultura.

Traducción al español: Luis A. Moreno, biólogo-arbolista de Zaragoza, España y Jordi i Chueca, arquitecto paisajista de Barcelona, España. Editado por Iris Magaly Zayas, bióloga, especialista en forestación urbana, USDA Forest Service, Atlanta, Georgia.

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